El Románico en
Castilla y León

ARQUITECTURA
   La imagen de la arquitectura de esta época que denominamos románica nos conduce hacia macizos edificios de piedra, de interiores oscuros bañados por una luz tenue que permite recrear un mundo casi idílico, que se ha mantenido hasta nuestros días en parajes rurales, en algunos casos prácticamente abandonados. Responde al modo de construir de un tiempo, caracterizado por un profundo sentido religioso en una Europa que recobra su identidad. Pocos edificios civiles románicos han llegado a nuestros días, a pesar de que también se construyeron.
      
   Estamos ante una arquitectura de sólidos muros, que limitan sus huecos hasta convertirlos en saeteras, para poder soportar por si mismos el esfuerzo de sus bóvedas, con la única ayuda de arcos de medio punto o apuntados. Muros que terminan la cabecera del templo con ábside semicircular, y que se levantan formando espadaña para acoger las campanas a los pies de la iglesia. Una arquitectura de piedra labrada, de tosca y esquemática decoración repartida en bandas de ajedrezado, capiteles, portadas y series de canecillos en sus aleros.

   La arquitectura románica nos explica la organización social de las gentes que la construyeron. Sus campanas llamaban al culto religioso, pero también a la reunión política y social al abrigo del pórtico de la iglesia. A través de ella podemos conocer el sentido y la evolución del trazado urbano de nuestros pueblos, y a través de lo que nos cuentan sus canecillos y capiteles, cómo eran las gentes que la construyeron, su vida cotidiana, sus costumbres y sus creencias. Tan importante era para las gentes de aquel tiempo, que sus vidas comenzaban, transcurrían y terminaban entorno a estos templos. Incluso podemos descubrir en ellos juegos labrados entre sus piedras, huellas de costumbres pasadas...y muchas cosas más.

   La arquitectura románica es mucho más que un arte para descubrir y disfrutar.


PINTURA
   Aunque en la actualidad no se conservan muchos ejemplos, la mayor parte de las iglesias románicas cubrieron sus paredes con pinturas murales que tenían una doble función: por una parte, decorar y proteger la piedra; por otra, instruir a los que buscaban el amparo espiritual en los templos.
      
   La pintura mural se repartía por todo el interior de la iglesia, unas veces imitando piedras nobles, otras decorando con dibujos geométricos o de estilizados vegetales, pero las más reproduciendo escenas que ilustran los dogmas de la religión o la vida de los personajes sagrados.

   La técnica empleada era el fresco, es decir, la pintura ejecutada sobre un revoco de cal y arena todavía húmedo. Los pigmentos, generalmente de origen mineral, se dispersan en agua y son fijados por la cal del enlucido cuando éste ha secado. Se trataba de una técnica muy compleja que exigía a los pintores mucha habilidad y rapidez en el proceso de elaboración. Es por ello frecuente que terminasen con el soporte seco o casi seco (técnica mixta). Esto indica que se remataba al temple, empleando varios aglutinantes. Otra técnica usaba soporte seco y agua de cal. Los colores eran intensos y brillantes dominando el rojo, amarillo, naranja o azul, usando el negro para perfilar las figuras. El colorido desempeñaba un papel tan importante como la propia estructura lineal del dibujo y su aplicación venía a subrayar la jerarquía de cada elemento.

   Algunos de los mejores ejemplos de pintura mural en Castilla y León fueron pintados en San Isidoro (León), en las iglesias de Maderuelo y de San Justo (Segovia) y en las ermitas de San Miguel de Gormaz y de San Baudelio de Berlanga (Soria). Se integran en la tendencia figurativa donde destacan las teofonías de sus ábsides.

   En Maderuelo se observa una pintura lineal de escasa gama cromática, en San Baudelio existen escenas de caza que derivan de modelos bizantinos y clásicos y, excepcionalmente en San Isidoro de León encontramos frescos excelentemente conservados, de dibujo preciso y entonación suave, que denota un pleno dominio de la técnica.


ESCULTURA
   La escultura románica en Castilla y León se adapta, al igual que en cualquier otra Comunidad, a la arquitectura y la llamada Ley del Marco, que obliga al escultor a adaptar las figuras esculpidas en la piedra al marco en el que se ubican, bien sea el tímpano o los capiteles. Si nos fijamos en los tímpanos de Santo Domingo de Silos en Soria nos damos cuanta de que las figuras se adaptan en alturas o inclinan sus cuerpos para que la armonía del trazado no se rompa.
      
   Además de la ley del marco existe la ley del esquema geométrico, que obliga al escultor a que las figuras guarden simetría y formen figuras similares en cualquier espacio, sin importar si eso hace que la realidad de la representación de personas o animales no sea la adecuada, por lo que a veces, en los edificios encontramos animales o figuras que no están proporcionados.

   La escultura de las iglesias sirve de libro de texto a los fieles y por eso aparecen temas como la Anunciación, la Adoración de los Magos o las Tres Marías ante el Sepulcro vacío de Cristo, temas sacados de la tradición judeocristiana.

   Pero además se nota la influencia francesa que cruza Castilla y León haciendo el Camino de Santiago para adorar al apóstol y a cuyo paso nos deja parte de su decoración en los templos. Porque, evidentemente, el placer estético también existía y no es necesario ver un símbolo en cada capitel, sino que en ocasiones la única finalidad era decorativa.


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